La llegada

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No era un día cualquiera. Era el momento de partir 6 meses a Malasia! Claramente, el vuelo Bolonia-Estambul-Kuala Lumpur del 6 de febrero tenía razón de ser, especialmente gracias a nosotras cuatro.

Nadia, feliz de la vida después de las últimas horas de ajetreo en Verona, donde había tratado de ayudar al amigo vietnamita cuyo pasaporte resbaló del bolcillo justamente un día antes del viaje (Sí, en teoría hubiéramos sido cinco… ); Isabel, que después de haber verificado cien veces si los cubanos pueden hacer escala em Turquía sin visa dijo “ Hasta la vista” a  la hermosa Florencia y finalmente también a su ropa de invierno; Columba, que después de haberse despedido de sus amados amigos ferrareses y de su bicicleta mexicana de carreras, se dirigió con toda la determinación del mundo en dirección al aeropuerto; finalmente Martina, que después de una inolvidable noche con los amigos boloñeses sufría de todos los síntomas de la cruda.

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A la aventura y más alla!

No sabíamos que cosas nos esperaban. Sabíamos que el vuelo era de 15 horas, que veríamos muchas películas en el viaje y que al llegar tendríamos siete horas de jet-lag. Sabíamos que en Malasia hace siempre calor, que hay mucha palma de aceite (que hay que  boicotearla), que la gente es amable y que iremos a vivir a una zona musulmana, en frente del mar. Sabíamos que primero de llegar a la destinación final, viajaríamos de mochilazo por diez días, aunque el itinerario estaba todavía muy indefinido. Sabíamos que veríamos sa selva tropical, los templos Budistas e Hindús, el Océano Pacífico, el año nuevo chino. Sin embargo no sabíamos nada.

Estaba en contacto con Nadzim, nuestro próximo CouchSurfer muy amable que había decidido dejarnos invadir su casa en Kuala Lumpur para hospedarnos, sin embargo no teníamos idea de quién era, ni de las condiciones de la casa (internet funciona así). Pero se sentía a buena vibra y parecía que estábamos en buenas manos, y como fuera nadie hubiera podido ni siquiera hacernos rasguño a nosotras cuatro, guerreras enamoradas del porvenir.

Y así, con la llegada barrida a la última llamada para abordar de  una Martina lenta y mareada (pero con una medicina mágica, las nauseas habían pasado), la nuestras protagonistas con toda la vivacidad del mundo, se incorporan a la fila para abordar el avión. A la aventura y más allá!

Siguen las horas en las alturas, películas domingueras y siestas. Escala en Estambul y miles de idiomas incomprensible. Vuelo tranquilo. Y después llegamos!  Aeropuerto de lujo y sonrisas por todos lados! WOW!

Bueno ahora. Dirección del huésped escrita en una libreta, tratamos de entender cómo llegar a casa de Nadzim. Nuestras maletas que a pesar de ser solo 13 kg, se sentían el doble de pesadas (uno de los efectos del jet lag?), decidimos tomar un taxi. No parecía difícil, puesto que nuestras bellas caras blancas atraían hombres de todas los tipos que nos ofrecía su transporte para llevarnos a nuestro destino. Y así, entre negociaciones con la multitud de admiradores escogimos un viejito chaparrito y sonriente después de haber sacado del cajero ringgits malayos (fueron necesarios cuarenta minutos) nos subimos al taxi.

Prima sorpresa, se maneja “del otro lado” a poco me lo habían dicho! Nos acostumbraremos. Noche profunda, de la ciudad se veían las luces de los rascacielos (muchísimas!). El taxista muy divertido (tanto él, como su inglés, lleno de “can” y “can not”).Casi a la llegada, pasamos enfrente de un templo Tao. Qué lindo! Sabíamos que era la época del año nuevo chino y teníamos curiosidad de saber lo que quería decir eso.

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Felices  en casa de Nadzim, Kuala Lumpur

El camino hacía la casa de Nadzim no hubiera podido salir mejor! Este chico que vive en el décimo piso de un conjunto de edificios blancos, un poco lejos de la ciudad, nos dio la bienvenida diciéndonos “siéntanse como en su casa”, después de un regaderazo y una platica ligera, entendió inmediatamente cómo conquistarnos: Quieren comer algo?

Nos pusimos la ropa más ligera (estábamos como a 40º, a mitad de la época del monzón) bajamos para ver que nos ofrecía la nueva casa. La cena llena de salsas picantes, pescados y pollo, obviamente todo acompañado de arroz y servido en una hoja de plátano! En teoría se come con las manos, pero no estábamos todavía preparadas psicológicamente. Así que con la pena del mundo, pedimos cubiertos. Como sea, felices de la vida, disfrutamos de los sabores y todo lo nuevo lo queríamos saber así que Nadzim pacientemente entre bocados contestaba las preguntas del canon de bocas hablantes.

De regreso a casa Isabel no pudo perdonar el postre, y como ya es hábito compró unos dulces (extraños) que compartió con nosotras que nos llamaba la curiosidad. Nuestra guía local non supo decirnos cuales eran sus misteriosos ingredientes.

Después de un descanso merecido, al despertar la vista del balcón nos dejó con la boca abierta. No olvidaremos nunca la impresión de ver todo ese verde desde lo alto! O sea habíamos dormido en medio de la selva sin ni siquiera darnos cuenta! Nuestro primer día en KL (así llaman Kuala Lumpur en Malasia) no podía haber iniciado mejor.

Nuestro guía Nadzim, cociente que necesitábamos comer también abundante a la hora del desayuno, nos llevó a un restaurante indio. Aquí conocimos probamos por primera vez lo que poco después se transformaría en un vicio: TEH TARIK, un fuerte té negro mezclado con leche condesada. Muy rico!

Con el estómago lleno de arroz y curry, estábamos listas para iniciar nuestro tour guiado por la capital de nuestro nuevo país. El día fue inolvidable, caminamos como 15 horas sin parar, vimos cosas de todo tipo y color. La visita al Barrio Chino estuvo acompañada de aguas de frutas y de las lámparas rojas típicas de china. La zona desordenada con miles de locales y puestos ambulantes, telas y objetos tradicionales que atraían nuestra atención, un calor tremendo e un barullo multilingüe (chino, malayo e indi), y entre nosotros un poco de italiano, un poco de español y mucho inglés, parques, mezquitas, árboles altísimos y templos. Y finalmente las torres Petronas, símobolo de KL y el monumento de Malasia, estas torres gemelas que sirven de referencia en cada ángulo de la ciudad. Realmente enormes, rodeadas de un parque cuidadísimo que parece otro mundo ( En efecto, es Asia). En la parte de abajo tiene un centro comercial, así que en la zapatería y librería hicimos las primeras compras. En el parque tuvimos la suerte de ver el baile del dragón chino como parte de los espectáculos del año nuevo!.

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We love KL

Era ya casi de noche cuando Nadzim nos llevó a un helipuerto en el piso 34 de un edificio a tomar un copa. Estaba cansado de nosotras y quería regresarse a casa? Claramente no!  Este helipuerto se transforma cada noche en un bar al aire libre, de donde se tiene la mejor vista para admirar el atardecer de la ciudad!

Dado que estaba lleno, nos quedamos de pie durante tres horas, pero eso no le quitó el encanto de la vista y la magia del lugar. Que primer día, nada mal no?

Terminamos las bebidas, era ya de noche y estábamos cansadas, casi listas para regresar a casa. Digo casi listas porque faltaba en realidad una cosa importantísima. Obvio la cena! Nadzim para continuar con su reputación de guía indestructible, políticamente correcto, visto que en su patria la cultura es un poco malaya, un poco india y un poco china, tenía presente que no podíamos irnos de KL sin conocer un tercio de su sangre. Así que nos dirigimos a un restaurant chino, en una calle mega concurrida, llena de gente colores, restaurantes, puestos ambulantes y olores…

Una vez más con panza llena y corazón contento, nuestros héroes se dirigieron a casa. Con un poco de música y charlas nocturas terminamos nuestro primer día malayo, procesando todos los colores, sabores y olores que nos han recibido.

Terima kasih!

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